
24 – Octubre de 1952. Ocho Carmelitas Descalzas, vienen a Vitoria desde el Carmelo de Fuenterrabía a fundar un nuevo Monasterio en la calle Aldabe. Todas jóvenes (una de ellas novicia), con el entusiasmo de la juventud y del amor.
Les esperaba una casita de campo pequeña con su huerta. Era una donación hecha al Obispado por tres hermanas solteras, las señoritas Arrieta. Aquellos primeros años fueron de estrechez material pero de mucha ilusión. Construyeron un pequeño convento adosado a la casita, pagándolo con su trabajo exclusivamente. Vinieron nuevas vocaciones.
En el año 1967 con motivo de una reestructuración urbanística, se les expropió la huerta. Tuvieron que salir de allí y construir un nuevo convento a las afueras de la ciudad, junto al Seminario Diocesano. En él estamos desde Octubre de 1971.
Consideramos el trabajo como algo esencial en nuestra vida, en primer lugar como un medio de subsistencia. Por otra parte en su ejercicio nos realizamos como personas y nos hacemos solidarias con el mundo de los trabajadores y con los pobres.
Visto desde nuestra peculiaridad contemplativa, nos ayuda a relacionarnos con Dios, al encontrarle a El y su Presencia en ese mismo trabajo. Además, es una fuente de equilibrio y creatividad personal. Así lo hemos visto desde nuestros comienzos.
Trabajo remunerativo. Nuestro trabajo comunitario es la encuadernación de libros. Lo tenemos bien organizado. Nos enseñó el oficio una profesional y así hemos podido también nosotras ayudar a otras comunidades.
He aquí unas pinceladas sobre nuestra vida. Solo pinceladas: la vida es algo tan profundo que no se puede expresar con palabras. Una síntesis sería decir con S. Pablo que "nuestra vida es Cristo". Él da sentido a nuestra entrega y su AMOR es capaz de llenar la existencia.
Hoy seguimos actualizando nuestro carisma. Como dice Santa Teresa deseamos ser "tales", que Dios nos escuche y podamos, con nuestra vida y oración cooperar en el plan salvífico de Dios, y hacer nuestros los gozos y esperanzas del hombre y mujer actuales. Hay en nuestra vocación una dimensión apostólica.
Nuestra vida contemplativa se fundamenta en dos pilares básicos:
La vida de amor y fraternidad, se manifiesta en primer lugar en el amor a las hermanas de comunidad. Ahí se muestra la vida que recibimos de Dios en la oración, a través de una entrega sencilla de cada una; con la acogida y el servicio, en un ambiente sencillo de respeto y amistad; siendo siempre constructoras de comunidad. Santa Teresa, nos habla ampliamente sobre este amor. No seriamos verdaderas carmelitas si no hiciésemos extensivo el amor al mundo, y a la Iglesia con nuestra entrega y oración. Y también a todos aquellos que se acercan a nuestro convento para visitarnos o para hacer sus retiros en la pequeña hospedería conventual, procurando tener con todos una acogida sencilla y afable.
Todo lo dicho no sería posible sin una sobriedad de vida que nos facilite dedicarnos solo a lo esencial. De ahí que nuestro marco sea sencillo y funcional.
Sobre todo, procuramos que nuestras necesidades personales sean las imprescindibles. Sabemos que se puede caer en la sociedad de consumo y queremos estar alertas procurando un desasimiento propio que nos da la libertad.
CARMELITAS DESCALZAS
Federación de San Joaquín de Navarra. 2010